PAREIDOLIA EN EL COTO DE ALDIRI.
¿QUE ES LA PAREIDOLIA?
La pareidolia es un fenómeno psicológico por el cual el cerebro humano cree reconocer formas conocidas —caras, figuras humanas, animales, símbolos o construcciones— en elementos naturales que en realidad pueden no haber sido hechos con intención humana.
En arqueología, el término se utiliza mucho para advertir que una interpretación puede estar influida por nuestra tendencia natural a “ver” cosas significativas donde quizá solo hay formas casuales producidas por la erosión, fracturas de la roca, sombras o procesos naturales.
Por ejemplo:
- Ver una “cara humana” en una roca.
- Pensar que unas grietas forman un grabado.
- Interpretar una piedra natural como un altar o una escultura sin pruebas suficientes.
- Creer que unas cavidades naturales son cazoletas hechas por el hombre cuando podrían ser resultado de erosión.
El cerebro humano está preparado para buscar patrones. Es el mismo fenómeno por el que algunas personas ven figuras en las nubes o “caras” en la Luna.
En arqueología seria, la pareidolia se combate estudiando:
- marcas de herramienta,
- repetición de formas,
- contexto arqueológico,
- orientación,
- asociación con otros elementos,
- dataciones,
- paralelos con otros yacimientos,
- y evidencias objetivas.
Es decir: un arqueólogo no puede basarse solo en “se parece a…”. Necesita indicios verificables.
Muchos investigadores consideran que determinados lugares sagrados prehistóricos fueron escogidos precisamente porque contenían elementos naturales “especiales” o sugestivos para la mente humana:
- rocas con formas de animales,
- perfiles humanos,
- piedras que recuerdan rostros,
- cuevas con apariencia simbólica,
- montañas con siluetas reconocibles,
- formaciones que evocan serpientes, vulvas, ídolos o figuras míticas.
Es decir, la pareidolia no siempre es un “error moderno”. En muchos casos pudo formar parte de la propia percepción simbólica de las comunidades prehistóricas.
La diferencia importante es esta:
- Una cosa es que hoy alguien imagine arbitrariamente formas donde no las hay.
- Y otra muy distinta que pueblos antiguos realmente otorgasen carácter sagrado a ciertos accidentes naturales porque les sugerían figuras simbólicas.
Eso ocurre en muchas culturas antiguas del mundo.
Por ejemplo:
- montañas consideradas “rostros” de dioses,
- piedras zoomorfas (con forma de animales),
- peñas antropomorfas,
- cuevas interpretadas como úteros de la tierra,
- rocas asociadas a seres sobrenaturales.
En numerosos santuarios prehistóricos europeos aparecen precisamente estos elementos combinados con:
- petroglifos,
- cazoletas,
- altares rupestres,
- fuentes,
- túmulos,
- orientación astronómica,
- y lugares dominantes del paisaje.
Por eso, muchos arqueólogos y antropólogos del paisaje consideran que el ser humano prehistórico no separaba claramente naturaleza y símbolo. El paisaje mismo podía ser sagrado.
Además, hay casos donde parece existir una intervención humana sobre formas naturales:
- retocando perfiles de roca,
- acentuando “ojos” o cavidades,
- grabando líneas,
- adaptando piedras naturales para reforzar una apariencia simbólica.
Eso se documenta desde el Paleolítico hasta épocas castreñas y medievales.
Pero aquí la arqueología debe ser prudente:
no toda roca curiosa es automáticamente un ídolo o un santuario. Lo importante es el contexto y la acumulación de indicios.
Cuando un lugar reúne muchos elementos juntos , como sucede en el Coto de Aldir—por ejemplo:
- dominio visual del territorio,
- agua ritual,
- petroglifos,
- necrópolis,
- cazoletas,
- piedras singulares,
- tradición oral,
- orientación solar,
- caminos antiguos,
- y formas naturales simbólicas—
entonces la interpretación ritual o sagrada gana mucha más fuerza.
Por eso hoy existe una línea de estudio muy importante llamada arqueología del paisaje sagrado, que analiza precisamente cómo las sociedades prehistóricas percibían simbólicamente montañas, rocas y accidentes naturales.
En numerosos santuarios prehistóricos y antiguos, determinadas rocas singulares, formas naturales o figuras animales parecen ocupar posiciones simbólicas muy concretas:
- entradas,
- puntos elevados,
- accesos visuales,
- salidas del sol,
- pasos naturales,
- o lugares dominantes del paisaje.
Y efectivamente, muchos investigadores consideran que algunas de esas formas pudieron entenderse como:
- protectores,
- guardianes,
- animales tutelares,
- espíritus del lugar,
- o manifestaciones simbólicas vinculadas al culto.
El simbolismo animal es antiquísimo en Europa occidental. Animales como:
- jabalíes,
- serpientes,
- lagartos,
- ciervos,
- toros,
- aves,
- lobos,
aparecen frecuentemente asociados a lugares rituales, montañas sagradas, petroglifos o tradiciones míticas.
En el caso concreto , como es el Coto de Aldiri—formas visibles hacia el este o relacionadas con la salida del sol— eso también es muy significativo desde el punto de vista simbólico, porque el amanecer tuvo enorme importancia ritual en muchas culturas prehistóricas:
- renovación,
- ciclo de la vida,
- fertilidad,
- tránsito entre oscuridad y luz,
- conexión celeste.
Por eso no sería extraño que ciertos perfiles rocosos destacados estuviesen asociados visualmente a ese fenómeno.
Además, en muchos santuarios antiguos el impacto visual era fundamental. El paisaje debía impresionar, señalar un lugar especial o provocar sensación de presencia simbólica. Las formas naturales llamativas seguramente contribuían a ello.
Ahora bien, arqueológicamente conviene formularlo de manera prudente, por ejemplo:
“Determinadas formaciones rocosas del lugar presentan perfiles zoomorfos o antropomorfos que pudieron tener una percepción simbólica para las comunidades prehistóricas, quizá relacionadas con funciones protectoras o guardianas del espacio ritual.”
Esa formulación es más sólida científicamente que afirmar categóricamente que “eran guardianes”, porque evita presentar como certeza algo que pertenece al terreno interpretativo.
También es importante:
cuando varias de estas formas aparecen agrupadas y en posiciones estratégicas, dejan de parecer simples casualidades aisladas y pasan a formar parte de una posible organización simbólica del paisaje.
Eso es precisamente uno de los aspectos que más estudia hoy la arqueología del paisaje sagrado.
Desde una perspectiva arqueológica prudente, el Coto de Aldir sí presenta muchos de los elementos que suelen aparecer asociados a posibles paisajes rituales o santuarios prehistóricos.
El Coto de Aldiri, reune la mayoria de los elementos asociados a santuarios prehistoricos o montañas sagradas—necrópolis megalítica en la base, petroglifos, abundancia de cazoletas y pías, posibles altares rupestres, presencia de agua ritualizada, control visual del territorio, formas rocosas singulares y ausencia clara de estructuras domésticas— encaja bastante más con un espacio simbólico o ritual que con un asentamiento castreño convencional.
Eso no significa que ya pueda afirmarse científicamente de forma definitiva, porque harían falta estudios arqueológicos completos, excavaciones, dataciones y análisis especializados. Pero sí puede decirse que la hipótesis tiene coherencia arqueológica y merece investigación seria.
Hay varios puntos especialmente importantes:
El paisaje ritual integrado
En muchos santuarios prehistóricos el lugar no se limita a un único elemento aislado. Lo significativo es el conjunto:
- montaña dominante,
- rocas singulares,
- agua,
- necrópolis,
- petroglifos,
- cazoletas,
- orientación solar,
- caminos de acceso,
- y visibilidad estratégica.
Eso es precisamente lo que caracteriza muchos paisajes sagrados prehistóricos del Atlántico europeo.
Las formas zoomorfas y antropomorfas
Las posibles figuras , que se encuentran en el Coto de Aldir—jabalí, lagarto, tortuga, vulva— pueden entrar parcialmente dentro de la pareidolia, sí, pero el contexto cambia mucho la valoración.
Una roca aislada con forma curiosa puede no significar nada.
Pero cuando aparecen varias:
- en posiciones dominantes,
- asociadas a estructuras rituales,
- cerca de petroglifos,
- vinculadas al amanecer,
- y dentro de un espacio ceremonial complejo,
entonces pasan a ser arqueológicamente relevantes como posibles elementos simbólicos del paisaje.
La figura vulvar, por ejemplo, tendría especial interés, porque los símbolos relacionados con fertilidad, agua y regeneración son frecuentes en contextos rituales prehistóricos.
La ausencia de hábitat
Esto es importante.
Muchos castros presentan:
- restos de viviendas,
- terrazas habitacionales,
- murallas claras,
- abundante cerámica,
- estructuras domésticas.
En el alto del Coto de Aldiri predominan elementos rituales y no aparecen evidencias claras de ocupación doméstica permanente, eso refuerza la interpretación diferenciada.
Incluso podría darse una coexistencia:
- un lugar ritual reutilizado en distintas épocas,
- o un espacio simbólico relacionado con poblaciones cercanas.
Eso ocurre en numerosos enclaves arqueológicos.
El agua y la mina excavada
La presencia de una mina de agua excavada en roca tiene enorme interés simbólico y ritual potencial.
En muchos santuarios antiguos, el agua:
- purifica,
- comunica con el mundo subterráneo,
- simboliza fertilidad,
- o tiene valor sagrado.
Si además está integrada en el recorrido de ascenso a la montaña, el significado puede ser aún mayor.
Y asi lo queremos expresar, con rigor:
“El conjunto de evidencias documentadas en el Coto de Aldiri apunta a una posible funcionalidad ritual y simbólica del enclave, compatible con la interpretación de santuario prehistórico o montaña sagrada.”
“La concentración excepcional de elementos rupestres, estructuras simbólicas, necrópolis megalítica y control visual del territorio sugiere la existencia de un paisaje sacralizado de larga duración.”
Maximino Fernandez Sendin
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